domingo, 4 de agosto de 2013

La madre de mi colega me quiere follar.

Hace bastante tiempo que la mujer me manda "señales", y si me despisto, me las hace desde el más allá, porque que la tipa está rozando ya los setenta y todavía sigue con ganas de mandanga, flipante.
La señora Pepita, más católica que la virgen María, y más tradicional que las recetas de la abuela, tiene a su marido consumido perdido, el pobre hombre parece un espectro andante de tanto follar.

jueves, 13 de junio de 2013

El enemigo en casa.

No, sé que no puedo culpar a nadie de la situación en la que me encuentro, de hecho, me avisaron que podría estar cometiendo el mayor error de mi vida. Necio de mí que hice caso omiso de sus palabras de advertencia; los tachaba de alarmistas y agoreros a partes iguales, estaba muy equivocado...

lunes, 10 de junio de 2013

Tormenta de interior.

La mar estaba embravecida. La olas, rompían furiosamente contra la proa del imponente navío, creando una blanquecina espuma que lo acompañaba.
El capitán, imperturbable, gobernaba el barco con la destreza de un viejo lobo de mar, miraba desafiante a la enorme masa de agua que se alzaba ante él.



-Mi capitán -dijo un muchacho que estaba a su lado-, ¿no tiene usted miedo?

-Por supuesto que lo tengo -afirmó mirándolo con su único ojo sano-, pero si te enfrentas a él, se desvanece bajo las oscuras aguas de la mar.

De repente, se formó ante ellos un inmenso remolino, las aguas giraban amenazantes; el navío se mecía de un lado al otro con violencia, la madera crujía y se resquebrajaba de proa a popa.

El muchacho, alzó la mirada y espetó:

-Pero mamá, ¿qué haces? -inquirió mientras veía como la bañera se vaciaba rápidamente.

-¡Sal del agua ya qué te estás arrugando!

-Pero...

-No hay peros que valgan. ¡Fuera he dicho!

El muchacho salió cabizbajo, mirando su imponente buque, que contra todo pronostico, estaba intacto bajo el fondo de la bañera, esperando a ser llamado para la próxima batalla.

sábado, 8 de junio de 2013

Las andanzas de mi colega el Prudencio (final).

-¿Quién es? -contestó Pruden al descolgar el teléfono.

-Soy yo, Escritrol, capullo. ¿Has preparao todo lo que te dije para mañana?

-Todo listo, mi capitán. A la princesa de tu prima se le van a quitar las ganas de venir más.

-¿Has avisao a tu primo también?

-¡Todo es todo, saco purgas! -dijo Pruden-. ¿A que hora llega la princesita Fiona?

jueves, 30 de mayo de 2013

Las andanzas de mi colega el Prudencio (continuación).

Era la una de la tarde y aún seguía metido en la cama. Era raro que un sábado siguiera hasta tan tarde metido en el sobre; pero los cuatro rayos de sol que se filtraban por la ventana me pegaban en toda la cara y me dejaban medio hipnotizado. Si no fuese sido por el olor a comida que me llegó, no me habría levantado en todo el día. Así que, decidí levantarme e ir a ver que coño estaba cocinando mi madre que olía tan bien:

martes, 28 de mayo de 2013

Las andanzas de mi colega el Prudencio.

Todos tenemos algún amigo que está más "pallá que pacá", ya sabéis, esos que de pequeños se han dado un golpe contra la cuna; pues mi amigo Prudencio tenía las esquinas de la cuna redondeadas de tantos golpes que se daba, las de la cuna, las de la mesa del comedor, las de la mesita de noche... hasta dicen que el día de su bautismo se le cayó al cura en la pila esa donde chorrean a los niños con agua bendita. Bendita la locura que tiene él, cosa que no me extraña después de tantas hostias en la cabeza. Pero qué le vamos hacer, yo lo conocía desde la guardería y por muy loco que esté, es mi amigo, así que me toca aguantarlo por cojones.

Continúa...

Así perdí mi virginidad, y todavía sigue sin aparecer.

Quince años tenía, el mundo estaba a mis pies, no porque fuera un fucker, sino por la gravedad, que es así de caprichosa. Hacía tiempo que la pubertad había quedado atrás; ya empezaba a darme cuenta de que un chandal con zapatos no era la mejor combinación. Glorioso fue el día que conocí las Reebok the Pump y empecé a coquetear con la gomina; todo cambió a partir de ahí. Mis colegas seguían con su estética; la ropa que les compraba su madre... todas daltónicas, me juego tu cuello.