martes, 28 de mayo de 2013

Así perdí mi virginidad, y todavía sigue sin aparecer.

Quince años tenía, el mundo estaba a mis pies, no porque fuera un fucker, sino por la gravedad, que es así de caprichosa. Hacía tiempo que la pubertad había quedado atrás; ya empezaba a darme cuenta de que un chandal con zapatos no era la mejor combinación. Glorioso fue el día que conocí las Reebok the Pump y empecé a coquetear con la gomina; todo cambió a partir de ahí. Mis colegas seguían con su estética; la ropa que les compraba su madre... todas daltónicas, me juego tu cuello.



Iba por el instituto como si paseara por la alfombra roja, era el centro de todas las miradas, y todo, por unas jodidas bambas. Los cuchicheos a mis espaldas eran frecuentes. Las pandillas más populares se pegaban por mi presencia... y como no, todas las chicas, incluida  la más guapa de mi curso, la de las tetas trompeteras. Pues llegó el día en que al pasar por el lado de esas dos tetas con cara borrosa, me invitó a salir con su pandilla... El plan era perfecto; ir a un parque a fumarnos unos cigarrillos y después ir a una sala de maquinas, donde podía jugar al Sega Rallye y hacerme el chulo delante de esas dos bubus hipnóticas.
Quedamos un sábado por la tarde, y como no, aparecí en el parque con mi producto estrella; mis envidiadas Reebok.

Cuando me vieron llegar, el silencio se apoderó de ellos. Las chicas me miraban mientras se humedecían los labios; los chicos me dirigían miradas llenas de envidia. Era el nuevo macho alfa.
Después de los saludos de rigor, estuvimos un rato hablando sobre cosas banales y fumándonos un cigarrillo entre cuatro o cinco; un piti para cada uno era demasiado, nos mareábamos sin remedio.

-Será mejor que vayamos tirando si no queremos que luego se nos haga tarde -comentó una chica con cara de rata.

-Pues vamos -coreemos todos al unísono.

Me quedé un poco rezagado y la chica de las tetas grandes se quedó conmigo. Justo cuando iba a echar a andar tras ellos, ella me rozó la mano para que la siguiera. A partir de ahí, quedé hipnotizado por su culo, no tenía ni idea por donde me llevaba hasta que divisé a lo lejos la Yesera; la Yesera era una fábrica de yeso abandonada, donde iban todas las parejas primerizas a follar, magrearse y guarradas del estilo. Sus intenciones estaban bastante claras: O me quería follar o magrear, una de dos.
La seguí por una sucesión de estancias abandonadas y oficinas hasta llegar a una habitación oscura. Ella, me empujó contra la pared, acerco sus labios a mi oído y me susurró:

-Espera aquí, no tardo nada.

Escuché como se alejaba... No tardó ni un minuto en volver. Su largo pelo se veía ondear entre sombras... Se acercó a mí y empezó a acariciarme el cuello, a besármelo... Me besó en la boca. Fue un beso tosco, primerizo... Parecíamos dos peces fuera del agua, boqueando en busca de aire... Pero aún con esas, era un momento mágico. Ni la pelusilla que tenía en el bigote me molestó lo más mínimo.
Estuvimos más de diez minutos intercambiando bacterias hasta que ella, decidió empezar a meterme mano. Craso error, no aguanté ni dos minutos con el magreo; me corrí irremediablemente.
No sé si ella notó algo, pero se retiró entre risitas... Me pareció escuchar más risas, seguramente cosa de los nervios.
Ella volvió a retirarse unos pasos y de pronto se hizo la luz. Salieron cinco compañeros con linternas en las manos, enfocándole a ella y a mí...
En realidad no era ella, era un compañero del insti gay, con una peluca rubia. Mis compañeros se partían el culo a mi costa. Había ido allí a enrollarme con la buenorra de clase y lo había hecho con el marica de turno. Me fuí corriendo mientras ellos seguían riendo a mis espaldas...
A partir de ese día, nada fue igual: fui el hazmerreír del instituto durante años. Suerte que no se dieron cuenta que me corrí besando al marica. Si se hubiesen enterado que me "desvirgué" besando al gayolo, a día de hoy todavía sería el centro de todas las risas, incluso después de llevar años sin ir al instituto.
El trauma es mio... mio y vuestro ahora que también lo sabéis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario