Era la una de la tarde y aún seguía metido en la cama. Era raro que un sábado siguiera hasta tan tarde metido en el sobre; pero los cuatro rayos de sol que se filtraban por la ventana me pegaban en toda la cara y me dejaban medio hipnotizado. Si no fuese sido por el olor a comida que me llegó, no me habría levantado en todo el día. Así que, decidí levantarme e ir a ver que coño estaba cocinando mi madre que olía tan bien:
-Buenos días, mamá, ¿qué has hecho pa comer que huele tan bien?
-¿Vas a comer sin desayunar? Te preparao un zumo de naranja y si no te lo bebes se le van a escapar las vitaminas.
-Si, vamos, ni que las vitaminas saltaran -contesté mientras me sentaba en el sofá.
-No saltan, no, pero si pierde fuerza que yo lo he leio en la Pronto.
-Vale, después de comer ya me lo bebo si eso.
-Más te vale. En la cocina tienes la comia, pontela tú que yo me tengo que ir.
Me levanté calenté la comida y me senté en la mesa con mi platico humeante de codillo al horno.
Mi madre se fue a cambiar y justo cuando estaba apunto de salir le dije:
-¡Mamà, cuidado!
-¿Qué, qué pasa? -inquirió asustada mientras movía la cabeza hacia los lados en busca del peligro.
-Las vitaminas, que las vas a pisar, ja, ja, ja.
-¡Te voy a pega una hostia que no te va a renoce ni tu madre!
-Oye, mamá.
-¿¡Qué coño quieres ahora!?
-¡Dame vitaminaaas, cuando te enamooreees y nunca nunca nunca nunca nunca lloreeeees, ja, ja, ja, ja!.
-¡Me cago en la madre que te parió, niño! -me espetó-. Verás que te voy a quita la risa de golpe: ¿Sabes quién va a venir la semana que viene, majete?
-No, ¿quién? -pregunté cuando me recuperé de la risa tonta que me entró.
-Tu querida prima; va a pasar el fin de semana en la casa con nosotros.
-¿Qué prima? ¿La señorita rotenmeyer?
-La misma, bonito; así que preparate que te va a tocar llevartela por ahí con tus amiguitos -contestó mi madre con mirada triunfante mientras salía y cerraba la puerta con un buen portazo.
Todo eran risas hasta que me enteré de que vendría la ratita presumida de mi prima; era la tía más impertinente, quisquillosa, prepotente y diva que te puedes echar a la cara. Ella era una princesa sin castillo, una millonaria sin dinero y una intelectual sin cultura; un sinsentido con todas las letras, vamos. Siempre qnue venía era una tortura para todo el que se cruzase con ella.
Después de recuperarme del duro golpe, decidí llamar a Pruden y contarle la desgracia que se nos venía encima:
-Hola, Pruden. ¿Donde te has metio toa la semana, desgracia humana? -pregunté cuando descolgó el teléfono.
-Hola, Escritrol. Estao castigao, colega -contestó en tono lastimero.
-¿Pero qué mierdas estás diciendo si tienes veinte años?
-Pues como el sabado pasao llegué super tarde, pues la loca de mi vieja a pensao que es mejor castigarme.
-¿Pero como te hace eso, tio? -pregunté extrañado; aunque la verdad, no sé de que me sorprendía, son la familia más rara que he conocido en mi vida.
-Y yo que mierdas sé, eso pregúntaselo a mi vieja... espera que te la paso.
-¡No, no, da igual! -dije demasiado tarde... ya escuchaba a Pruden diciendo: "Mamaaa, Escritrol quiere hablar contigo".
Me cagué en toda su estampa cuarenta mil veces.
-Hola Escritrol. ¿Querías algo? -preguntó la madre del hijoputa de Prudencio Gonzalez Martinez.
-Hola, Pepita... mmmm -contesté sin saber muy bien qué decir-. Nada, que quería saber si dejas salir a Prudencio un rato para ir a tomar algo al bar del Ceferino -me sentía ridículo que con esta edad tuviera que decir estas tonterias a la madre del colgao éste.
-De eso nada, monada. El sábado pasado llegó muy tarde y está castigao -la voz de su marido interrumpió nuestra conversación: "Pepitaaaa, ven paca que están sonando lo tambores de guerra"-. Te tengo que dejar, Escritrol -continuó la madre de Pruden -, que tengo que... em... Bueno, qué te paso a mi hijo. Adiós.
Me cago en la puta, que familia más rara; son muy tradicionales y católicos a más no poder, pero los padres de Pruden se pasan el día follando, y todo eso sin contar la fijación que tienen con la guerra, campos de batalla y mil mierdas más que se montan.
-Escritrol -Pruden volvió a coger el teléfono-, vente va, colega, que nos echamos unas partis al pc o lo que haga farta.
-Vale, vale... ya voy, desgraciao.
-Oye, trate unos auriculares que mis padres se van a poner a jugar al Risk y ya sabes que hacen mucho ruido al mover fichas.
Joder, lo que me faltaba, pasarme todo el sábado escuchando follar a los degenerados padres de Pruden.
-Vale... voy -contesté con desgana-. Ah, por cierto, Prudencio Gonzalez; la semana que viene va a venir la señorita rotenmeyer, ya sabes lo que nos toca. Pero no te preocupes que esta vez se le van a quitar las ganas de volver a venir,verás.
-Lo que nos faltaba, la remirgá de tu prima aquí. En fin, que pa eso estamos los colegas, pa las buenas y pa las vacas flacas.
-No sé dice así, gilipollas - le corté.
-Que te den porculo. Vente ya que te espero -dijo eso y colgó.
Después de que Pruden colgase el teléfono, recogí mi plato vacío, me pillé mis mejores auriculares con micro, mi ordenador portatil y me fui a la casa de Pruden.
Llamé al timbre y me abrió la puerta su madre; llevaba puesto un camisón de raso transparente e iba sin sujetador. "Maldita gravedad" pensé. Vaya imagen más grotesca, creo que me va a perseguir el resto de mi vida.
-Hola, Escritrol -dijo su madre jovialmente-. Pasa, Pruden está en su cuarto.
-Hola, Pepita. ¿Como estás?
-Yo muy bien, pero tengo a mi Narciso malo en la cama, tengo que cuidar de él -comentó mientras cerraba la puerta-. Ya sabes donde está la habitación de mi hijo, Escritrol, yo voy a cuidar de mi marido.
-Muy bien, dile que se mejore de mi parte -le dije mientras veía como se alejaba. Craso error, el tanga se le trasparentaba y se veía su culo celulítico. Tendría que haber hecho lo mismo que hace Van Damme en el gif: arrancarme los ojos. No sé como una mujer jubilada podía ponerse esas cosas, joder.
Avancé por el pasillo que llevaba a la habitación de Pruden y al pasar por la habitación del pánico (así llamábamos al cuarto de sus padres) aligeré el paso con la cabeza agachada; no quería pasar el resto de mis días en un manicomio por ver lo que estaba ocurriendo allí dentro.
Pruden ya estaba conectado al pc y con los auriculares puestos. Me acerqué a él y le di un toque en la espalda.
-¿Qué pasa, Escritrol? -me dijo una vez se había quitado los cascos.
-¡Hola, Pruden! ¿Como estás?
-Hasta la puta polla de estar en casa encerrao, colega
-¿Y te han castigao por llegar tarde a tu casa? Vamos, tío, que ya tienes una edad...
-Va, yo creo que mi vieja me ha castigao más por cortárle el rollo que por llegar tarde. Tú no sabes lo que estaban haciendo, Escritrol -dijo Pruden meneando la cabeza a ambos lados; yo me callé, no me interesaba lo más mínimo lo que hacían sus viejos, pero eso a Pruden le importó una mierda, él, siguió hablando-. Pues tío, cuando llegué me encontré a mi padre en la puerta, con una gorra de publicidad puesta de "Excavaciones Torres", un chaleco reflectánte y una caja de pizza vacía en la mano, tocando la puerta mientras decía: "señora ha llegado el pizzero, le traigo una pizza cuatro quesos bien caliente". Mi vieja le contestó que ella si que estaba bien caliente, le abrió la puerta y me encontró a mí detrás de mi viejo. Yo me iba a pirar, ¿sabes Escritrol?, pero es que la tía me pilló justo cuando me iba a dar la vuelta...
Ahora entiendo en quién se inspiraron los guionistas de "La que se avecina" a la hora de crear el personaje de Antonio Recios el mayorista... seguro que conocían a los padres de Pruden.
-Joder tío, tus padres están enfermos, colega -le dije asombrado.
-No lo sabes tú bien. El otro día me dijo el hijo de la Paqui, que vio a mi padre hablando con un camello del barrio y al día siguiente vi dos o tres cajas de viagra encima de la mesa del comedor. Me cago en la puta, está comprando viagras de contrabando. Todo es por mi madre, es una pirómana, tío.
Joder, menuda infancia ha debido pasar mi colega; por lo visto, cuando sus padres eran jóvenes eran mucho peor.
-¿Pirómana? Querrás decir ninfómana, gilipollas.
-Que te den porculo, capullo -me espetó-. Enciende la mierda esa de pc que has traído y vamos a jugar, que te voy a pegar una paliza que te vas a cagar, mariconpeti.
Pues eso hice: encender el portátil, ponerme los auriculares y empezar a jugar.
Pruden era una puta máquina en los juegos de guerra, se conocía todas los puntos del mapa y, al pasar cualquier esquina ya estaba apuntando y cargándose a todo aquel que asomara el hocico; siempre que iba con él, ganábamos. Cuando nos tocaba jugar contra españoles se pillaban unos mosqueos del quince con Pruden y él siempre les decía lo mismo: "haya paz hermanos que solo es un juego". Con esos argumentos los desarmaba y acababan siempre pidiendo perdón por el retraso. La verdad que por muy colgao que esté, Pruden es un tío de puta madre.
No recuerdo muy bien las horas que pasamos dándole al vicio, pero fueron muchas. Paramos de jugar cuando un vecino amigo nuestro llamó a Pruden diciéndole que otro vecino había llamado a la poli por el tremendo ruido que hacían sus padres follando; se ve que estaba todo el bloque hasta la polla. Mientras Pruden hablaba yo los escuchaba; su madre había hecho todas la recreaciones históricas de batallas del mundo. Ahora, por lo visto, iban por el imperio español porque escuché algo de Blas de Lezo...
Pruden colgó y fue a avisar a sus padres. Fuimos los cuatro a abrir la puerta para hablar con la policía; yo no pensaba perderme esto por nada del mundo.
Su madre se montó una película de la hostia, le dijo a la policía que había roto una tubería, que se había puesto nerviosa y empezó a chillar por eso. Justo cuando se iban a ir los policías, la Pepita se los quedó mirando de arriba a abajo y le dijo a su marido:
-¡Narciso, el lunes tenemos que ir a la tienda de disfraces!
Cuando se piró la policía me fui detrás de ellos; no pensaba pasar ni un minuto más en Sodoma y Gomorra.
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