sábado, 8 de junio de 2013

Las andanzas de mi colega el Prudencio (final).

-¿Quién es? -contestó Pruden al descolgar el teléfono.

-Soy yo, Escritrol, capullo. ¿Has preparao todo lo que te dije para mañana?

-Todo listo, mi capitán. A la princesa de tu prima se le van a quitar las ganas de venir más.

-¿Has avisao a tu primo también?

-¡Todo es todo, saco purgas! -dijo Pruden-. ¿A que hora llega la princesita Fiona?


-Ahora mismo acaba de salir su chófer a recoger a su majestá; estará al caer.

Mi prima, cada vez que venía, obligaba a alguien a que la fuese a buscar a la parada de autobús que estaba a cinco minutos de mi casa; decía que el barrio este era pobre y podían atracarla en cualquier sitio. ¡Puta!

-Pos vale, te cuergo que tengo que limpiarme el culo, estaba cagando.

-Que cerdo... -no me dio tiempo de acabar la frase que ya me había colgado; siempre te dejaba con la palabra en la boca el muy hijo puta.

No pasaron ni dos minutos desde que colgué el teléfono que ya escuché el sonido de la llave al entrar en la cerradura; dos vueltas, se abrió la puerta y ahí estaba mi madre seguida de su majestad.
Traía una maleta gigante de ruedas llena de ropa de diva y solo venía para pasar dos días en casa.

-Hola, primito -dijo al cruzar la puerta y dejar la maleta apoyada contra la pared.

-Hola pri... -mi madre me pegó un codazo al pasar junto a mí para que cambiara el tono burlesco en el que le hablaba-, prima. ¿Qué tal te ha ido el viaje?

-¿Como me va a ir un viaje en autobús lleno de gente sudada? Vaya preguntas tienes -contestó-. Ahí tienes mi maleta, llévala a mi cuarto que me duele la cabeza -sentenció con altivez.

-Oye, niña, que yo no soy tu... -otro codazo de mi madre hizo que me callara de golpe. Así que me tocó hacer de botones en mi propia casa.

Como era de esperar, la niña se estuvo quejando de la cena, del postre, de la bebida...
Sus padres eran una familia humilde y trabajadora desde siempre, pero un día pillaron un pellizco en la lotería, empezaron a malcriar a la princesa Fiona y ahora era imparable.

Al día siguiente tuve que llevar a mi prima de compras y aguantar sus impertinencias toda la tarde, hasta que llegó la noche y llegó mi esperado turno.

-Bueno, mamá, me voy que quedao con Pruden para ir de cumpleaños -dije a sabiendas de lo que me iba a contestar mi señora madre.

-Pues te llevas a tu prima que no se quede sola y aburria aquí en la casa -esa fue la contestación de mi vieja y la que yo esperaba ansioso.

-Pero...
-No hay peros -me cortó-. Te la llevas y punto y pelota.

-Llévame a un sitio con clase, primito -dijo Fiona.

-Pues vamos, pero ponte bambas que creo que vamos a ir al campo a ver a un colega -dije con fingiendo un gran pesar.

-¿Yo bambas? No seas ordinario y barrio bajero. Yo sin mis tacones no salgo ni a comprar el pan, primito.

Mientras íbamos a casa de Pruden puse el piloto automático y lo único que escuche de la princesa fue quejarse de Pruden, no se tragaban el uno al otro.

-Hola, princesa Fiona -fue lo primero que dijo mi colega nada más verla.

-De verdad, no se como puede ser tan crío. Los chicos de mi barrio a tu edad ya están dirigiendo una empresa.

Se pasaron todo el camino discutiendo los dos. No sé ni la de veces que escuché "ordinario" de la boca de mi prima; repetía la misma palabra una y otra vez. Cuando vio que nos metíamos en un camino de tierra le cambió la cara por completo.

-¿!No me digas qué estarás pensando en llevarme a mí al campo!?

-Te dije que te pusieras bambas y no me has hecho caso.

-Su majestat no puede ponerse banbas, Escritrol -dijo Pruden-. Antes muerta que sensilla, ay que sensilla.

-Callaos los dos -ladré-. Y tú -dije mirando a mi prima-, si no te gusta te piras andando.

-Vale, primito, pero por lo menos dime vamos hacer en la montaña...

-Vamos a celebrar el cumpleaños de un amigo.

Llegamos a un claro en el bosque donde ya nos estaban esperando dos colegas. Estuvimos un rato sentados en unos tocones secos mientras escuchábamos a la tonta de mi prima quejarse todo el rato, hasta que llegó el primo de Pruden: nuestro compinche el pastor sin cabras. Era un hombre de unos cuarenta años, vestido como lo hace un hombre de campo y de rudos modales.

-Buena noshe, juventú -dijo el pastor-. ¿Qué haséis a estas horas tan tarde por el monte, muchachos?

-Pues, ya ve usté -contestó Pruden. Todo ésto estaba preparado de antemano entre él y su primo el pastor-, aquí hemos venío a celebrar el cumpleaños de un colega. ¿Y usté que hace por aquí?

-Pues nah, chikillo, que hace horas que perdí a mis cabras y no las encuentro. ¿No las habréis visto por aquí de una casualidad?

-Si no te las follases seguro que no escaparían -dijo Pruden entre dientes.

-¿Qué has dicho? -inquirió el falso pastor.

-Digo que si las atases seguro que no escaparían, señor -contestó Prudencio Gonzalez-. Lo siento, pero por aquí el único animal que hemos visto es una cerda, pero ha venido con nosotros.

Todos miremos a Pruden sorprendidos por el comentario que hizo, todos menos mi prima, que bajó la cabeza y se puso tan roja que me recordó al anuncio aquel de un niño que imitaba el ruido de un coche.

-Pues muy bien muchachos -prosiguió el primo de Pruden-. Tené mucho cuidao que en esta montaña se han cargao a siete personas en lo que va de año.

El pastor se marchó sin decir nada más y nos dejó a nosotros seguir con el plan.

-Prima, dame el hacha esa que está a tu lado que vamos a coger un poco de leña.

-Yo no me pienso mover de aquí -dijo mientras me alargaba el hacha-. ¿No pretenderéis dejarme aquí sola después de lo que ha dicho el pueblerino ese de la cabras?

-No, tranquila, princesa Fiona -intervino Pruden-, ya me quedo yo aquí contigo y si viene un mostro te Agarro y lo asusto con esa cara de pan arrugao que tienes.

Dejé a mi prima rebuznando con Pruden y marché con mis dos colegas hacha en mano. Caminamos durante unos minutos y paramos para llevar acabo el plan. Esperamos media hora y volvimos con Pruden y Fiona. justo antes de llegar me nos detuvimos al instante; si se nos fuese aparecido el fantasma de Freddie Mercuri cantando la Macarena, creo que no nos habría sorprendido tanto como lo que teníamos antes nuestros ojos: Pruden y prima se estaban morreando y parecían dos peces fuera del agua, boqueando en busca de aire y magreándose los bajos fondos. Cuando nos recuperamos del duro golpe salí chillando con el hacha alzada:

-Corred, chavales, corred -dije meneando el hacha de lado a lado y salpicando de sangre a mi alrededor.

Mi prima empujó a Pruden y echó a correr hasta el coche seguida de nosotros sin mediar palabra. Por el camino le conté lo que había pasado:

-Pues, prima, cuando íbamos a coger leña nos topemos con el asesino -dije dramáticamente-. Nos quería matar, ¿sabes? Tuve que coger el hacha y clavársela en toda la cabeza. ¡Lo maté, prima, lo maté! -sentencié entre sollozos.

Cuando supuéstamente fuimos a recoger leña, me eché ketchup por todo el cuerpo y por le hacha para que pareciese que nos habíamos cargado al asesino del monte; ese era nuestro plan, joder a la puta de mi prima y dejarla loca de por vida si podíamos.
Mi prima estaba paralizada y cuando logró recobrar la compostura me dijo:

-Pues que sepas que se lo pienso decir a tu madre y a mi padre. No se puede ir matando a la gente por ahí.

-Haz lo que quieras, pero recuerda que el hacha tiene tus huellas también; fuiste tú quién me la diste cuando estaba en el suelo. Si dices algo, pienso decir que nos ayudaste a matar y a tirar al lago al asesino.

La princesa no dijo nada más en todo el camino, ni cuando estuvo en mi casa hasta que se marchó, muda como una piedra; menudo alivio...

Dos años han pasado desde que pasó eso y jamás he vuelto a saber nada de ella. No sé si ha quedado traumatizada de por vida por lo del asesino, o por haberse liado con su peor enemigo, Pruden, pero el caso es que ya no me molestará nunca más. Like a boss.

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