Hace bastante tiempo que la mujer me manda "señales", y si me despisto, me las hace desde el más allá, porque que la tipa está rozando ya los setenta y todavía sigue con ganas de mandanga, flipante.
La señora Pepita, más católica que la virgen María, y más tradicional que las recetas de la abuela, tiene a su marido consumido perdido, el pobre hombre parece un espectro andante de tanto follar.